Candlelight CDMX ya es parte del paisaje de la ciudad: seguro que ya viste fotos, algún amigo te lo recomendó o ya estuviste en alguno de sus conciertos. Esos en los que entras y te quedas con la boca abierta al ver el recinto lleno y lleno de velas. Pero, ¿sabes cuántas velas hacen falta para que todo se vea así?
5,000, 15,000… ¡A veces 30,000 velas! La cantidad varía según el tamaño de la sala, pero siempre son miles y siempre están a la vista para construir una atmósfera que parece haber aparecido por sí sola, aunque en realidad hay todo un equipo detrás.
Llegan horas antes y siguen el mismo proceso una y otra vez, cuidando cada detalle al colocarlas para que, cuando se apagan las luces de la sala, todo se vea natural. Y ahora… toca ver cómo se hace.
La preparación: de las cajas al mar de velas
Primero se desempaca: las velas salen de las cajas, se revisan a simple vista y se agrupan por zonas. Luego se colocan: en filas junto a las butacas, bordeando el escenario y en círculos para rodear a los músicos. Se ajustan distancias con la vista y se alternan tamaños de vela para que la imagen final sea perfecta.
Al final se encienden una a una y aparece ese resplandor tan característico que transforma el ambiente y, por supuesto, el espacio. El Cantoral, por ejemplo, ya destaca por su arquitectura moderna y su amplitud, pero la luz de las velas crea contrastes y hace que el espacio se vea aún más imponente.
Para ponerlo en perspectiva: imagina 15,000 velas. En línea, alcanzarían la altura de unas cinco Torres Latinoamericanas. Así se entiende por qué la escala es tan grande y, aun así, se siente tan cuidada en CDMX.
Cuando termina el concierto, el proceso se revierte: se apagan con paciencia, se recogen una a una y se guardan en sus cajas. Al día siguiente o en la siguiente fecha, todo empieza de nuevo —desempacar, colocar, encender—, idéntico en método, distinto en sala (o no).
¿A que ahora lo ves distinto? Detrás de esa primera impresión del público, hay una coreografía manual que permite que tú simplemente entres, admires y escuches. En Ciudad de México, Candlelight no solo ilumina la música; le construye un escenario de miles de velas que, una vez entendido, se aprecia aún más.
