Durante décadas, las cumbres nevadas del Iztaccíhuatl, Popocatépetl y Pico de Orizaba formaron parte del paisaje natural más impresionante de México. En días despejados, desde CDMX todavía era posible admirar la silueta blanca de “La Mujer Dormida”. Sin embargo, ese hielo que parecía eterno está desapareciendo rápidamente.
De acuerdo con especialistas de la UNAM, México podría perder sus últimos glaciares en los próximos años debido al aumento de temperatura provocado por el cambio climático.
Hace alrededor de 60 años existían glaciares permanentes en las tres montañas más altas del país. El Iztaccíhuatl llegó a tener 12 glaciares, el Popocatépetl 3 y el Pico de Orizaba 9. Hoy sólo sobreviven pequeños fragmentos de hielo en el Iztaccíhuatl y el Citlaltépetl, mejor conocido como Pico de Orizaba.
¿Por qué están desapareciendo los glaciares mexicanos?
Los glaciares mexicanos existen gracias a las condiciones extremas de altura. Estas montañas superan los 5 mil metros sobre el nivel del mar, donde las temperaturas permiten conservar nieve y hielo durante todo el año.
Pero el problema es que los inviernos ahora son más cortos y menos fríos, mientras los veranos son más largos y calurosos. Esto provoca que el hielo se derrita más rápido de lo que logra recuperarse.
Investigadores de la UNAM explican que los glaciares actuales ya son extremadamente delgados y algunos han perdido hasta el 20% de su tamaño en apenas cinco años.
Además, el Popocatépetl perdió sus glaciares debido no sólo al calentamiento global, sino también a la actividad volcánica registrada desde 1994.
Aunque muchas personas los ven únicamente como paisajes espectaculares, los glaciares funcionan como reservas naturales de agua dulce. Cuando parte del hielo se derrite, alimenta ríos y acuíferos utilizados para consumo humano y agricultura.
Su desaparición podría agravar las sequías, aumentar las temperaturas y afectar el abastecimiento de agua en zonas cercanas como Puebla, Estado de México y el centro del país.
Otro dato importante es que el glaciar Ayoloco, ubicado en el Iztaccíhuatl, fue declarado oficialmente extinto en 2018 por investigadores de la UNAM, convirtiéndose en un símbolo del impacto climático en México.
¿Cómo podemos ayudar a conservar los últimos glaciares mexicanos?
Aunque el deshielo de los glaciares está relacionado con el cambio climático global, especialistas aseguran que todavía existen acciones que pueden ayudar a disminuir su deterioro y proteger los ecosistemas de alta montaña.
Una de las más importantes es la reforestación en bosques cercanos a volcanes y zonas altas. Los árboles ayudan a conservar humedad, capturan dióxido de carbono y favorecen la infiltración de agua hacia los acuíferos. Esto también reduce la erosión del suelo y mejora el equilibrio ambiental de las montañas.
Otra medida clave es disminuir el uso de combustibles fósiles. El exceso de emisiones contaminantes generado por automóviles, industrias y consumo energético acelera el calentamiento global, que es justamente lo que provoca que los glaciares se derritan más rápido de lo que pueden regenerarse.
Acciones cotidianas como utilizar más el transporte público, caminar, usar bicicleta o compartir automóvil pueden reducir significativamente la huella de carbono. También ayuda desconectar aparatos eléctricos que no se usan, ahorrar energía en casa y optar por focos de bajo consumo.
Especialistas también recomiendan captar agua de lluvia y cuidar el consumo doméstico de agua. Aunque parezca una acción pequeña, reducir el desperdicio ayuda a disminuir la presión sobre las fuentes naturales abastecidas por montañas y volcanes.
Otro punto importante es el turismo responsable. En sitios como el Iztaccíhuatl y el Pico de Orizaba, abandonar basura, dañar la vegetación o salir de rutas marcadas afecta ecosistemas extremadamente frágiles que tardan décadas en recuperarse.
Investigadores de la UNAM han señalado que la desaparición de los glaciares mexicanos no sólo representa una pérdida visual o turística, sino también una advertencia ambiental sobre el futuro climático del país. Por eso, generar conciencia y hablar del tema también forma parte de la solución.