El clima de la CDMX puede parecer caótico: frío por la mañana, calor intenso al mediodía, lluvia por la tarde y otra vez frío en la noche. Pero en realidad, no es aleatorio. La meteorología explica que estos cambios responden a procesos físicos bien definidos en la atmósfera.
Una de las formas más simples de entenderlo es observando las nubes. De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los tipos de nubes están directamente relacionados con la estabilidad del aire, la humedad y la temperatura, lo que permite anticipar condiciones climáticas.
Las nubes que debes aprender a identificar
Los cúmulos son señal de buen clima. Se forman por convección: el sol calienta el suelo, el aire caliente asciende y al enfriarse se condensa en nubes. Según el Servicio Meteorológico Nacional, este tipo de nube indica atmósfera relativamente estable.

Los cirros, en cambio, se forman a gran altura (más de 6,000 metros) y están compuestos por cristales de hielo. La OMM señala que su aumento progresivo suele asociarse con la llegada de un sistema frontal o una perturbación, lo que puede derivar en lluvia en las siguientes 12 a 24 horas.

Las nubes lenticulares aparecen cuando corrientes de aire fuerte fluyen sobre montañas y generan ondas atmosféricas. Este fenómeno, conocido como ondas orográficas, está documentado en estudios de dinámica atmosférica y es común cerca de volcanes como el Popocatépetl.

Por último, los cumulonimbos son los responsables de tormentas. Se desarrollan cuando hay alta inestabilidad atmosférica: aire cálido y húmedo asciende rápidamente. Según el Servicio Meteorológico Nacional, estas nubes pueden producir lluvia intensa, descargas eléctricas, rachas de viento y granizo.

Aprender a leer las nubes no solo es curioso, también es útil. En una ciudad donde el clima cambia tan rápido, entender estas señales puede ayudarte a anticiparte —y evitar que te agarre la lluvia sin aviso.