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Apuntes para redescubrir la magia del Desierto de los Leones

Un plan accesible y tranquilo para desconectarse un rato de la ciudad.

Brenda Béjar Brenda Béjar

Apuntes para redescubrir la magia del Desierto de los Leones

Aunque en realidad no es un desierto ni está habitado por leones, las riquezas de este bosque no son pocas y siempre hay algo nuevo por descubrir.

Un bosque de coníferas llamado “desierto”, donde habitan cinco especies endé­micas de mamíferos y 94 aves migratorias, pero ningún león, ha sido durante muchas generaciones uno de los oasis preferidos de la ciudad. Desde un picnic, parrillada o paseo a caballo, hasta rutas ciclistas de alto rendimiento, este es el espacio perfecto para escapar del ritmo de la urbe sin tener que salir de ella.

Antes de que fuera un Área Natural Protegida, a este lugar se le conoció como “El Desierto de Nuestra Señora del Carmen en los Montes de Santa Fe”, no por sus condiciones geográ­ficas, sino porque la orden de Los Carmelitas Descalzos acostumbraba ubicar sus conventos a las afueras de las ciudades, en zonas no habitadas.

Respecto a los leones, hay dos versiones: una dice que en el bosque había algunos gatos montés, que se parecen a un león, y otra se refiere a los hermanos León, que fueron dueños de las tierras y representantes de los Carmelitas ante la Corona Española.

Pasear por su convento

Con mil 529 hectáreas de superficie total, El Parque Nacional Desierto de los Leones es uno de esos “pulmones” de la ciudad que, además de contribuir a mejorar la calidad del aire, ofrece un respiro a los capitalinos, porque es un plan accesible y tranquilo para desconectarse un rato.

Recorrer sus senderos, admirar la vegetación o descubrir a los animales que habitan en el pequeño río son el mejor preámbulo para llegar a la joya escondida dentro de esta área natural: el ex convento, construido a principios del siglo XVII.

En su historia está no sólo haber sido sede de los Monjes Carmelitas, sino un campo de maniobras y cuartel del cuerpo nacional de artillería en 1845, además de una supuesta fábrica de vidrio donde en realidad se acuñaban monedas falsas.

Caminar por sus túneles, jardines y espacios abiertos es sumamente disfrutable; el espacio no es muy grande y lo puedes recorrer en menos de una hora, aunque hay varias “ermitas” alrededor de la construcción principal que implican una caminata más extensa, pero que vale la pena.

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Propuestas gastronómicas

También es indispensable aprovechar la visita para comer rodeado de pinos y oyameles: puedes montar tu picnic, hacer una carnita en los asadores, comer en el restaurante del ex convento o en alguno de los locales que están afuera. Si vas de jueves a domingo, dos grandes opciones son Óvelpaa o Desierto Norte, donde podrás seguir disfrutando del bosque con delicias gastronómicas.

Si quieres hacer una caminata profunda, conviene tomar en cuenta que no hay mapas, pero sí varios senderos muy claros que puedes recorrer sin riesgo de perderte, aunque como en todo, es mejor hacerlo temprano y con luz de día, porque no hay señal de celular ni wifi.

El bosque es también un campo de aventuras para los niños de cualquier edad: pueden disfrutar del senderismo y otras actividades como paseos a caballo o en bicicleta. Solo recuerda ir bien abrigado, porque el clima es frío, en especial por las mañanas, con lluvias en el verano. Y no olvides llevar efectivo, ya que la entrada al ex convento cuesta 14 pesos y el estacionamiento tiene un costo de 20 pesos por vehículo.

Si buscas un plan para despejarte del ajetreo diario y respirar aire puro sin alejarte de la ciudad, este es el lugar ideal. Con familia o amigos, para caminar, descansar, meditar, pasear a los perros o andar en bicicleta, el Desierto de los Leones será siempre una experiencia distinta.

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Desierto de los Leones / Carretera México-Toluca, s/n, Cuajimalpa de Morelos

Lunes a domingo de 8:00 a 17:00 horas

Ex convento del Desierto de los Leones / De martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas

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